Antonio Saorín 'El Ñoño': afición y torería dentro y fuera del ruedo

´El Ñoño´ / Amparope
NUESTROS TOREROS Fue la década de los sesenta una década gloriosa en cuanto a novilleros ciezanos, pues surgió un buen ramillete de aspirantes con condiciones taurinas esperanzadoras. Entre ellos, destacamos a 'El Faraón', 'El Filigrana' 'Lagartijo' y el célebre 'Ayalita', torero y personaje singular donde los haya, y de reconocida fama en nuestra localidad.
Otro de los toreros que por esa época compartía el sueño de ser torero, era Antonio Saorín 'El Ñoño', quien en la actualidad pasea todavía su torería por las calles de Cieza. Precisamente a 'El Ñoño' va dedicado este capítulo de 'Nuestros toreros'.

Nació Antonio Saorín en la Cieza de 1942, allá por el 2 de mayo. No tenía antecedentes taurinos en su familia, pero el destino le tenía preparado un primer contacto con ese mundillo: un compañero suyo de trabajo, 'El Lejeta' era un gran aficionado e intentaba hacer sus pinitos en el mundo del toro. Fruto de sus conversaciones, a Antonio le fue poco a poco 'picando el gusanillo', y pronto su compañero y amigo le contagió una 'gripe taurina' de la que 'El Ñoño' nunca pudo ni quiso curarse.

En 1957, Antonio Saorín se puso delante de una becerra por primera vez, al saltar como espontáneo en una novillada en Cieza, en la que alternaban Gabriel Molina y Paquito Peinado. Lejos de amedrentarse, la experiencia le gustó tanto que siguió probando suerte de espontáneo tanto en Cieza como en otras plazas de alrededor. Hasta que en 1960, en plena feria de Cieza, volvió 'El Ñoño' a saltar al ruedo en una corrida de ocho toros que fueron estoqueados por Pedrés, Montero, 'El Tino' y 'Pacorro'. Esta vez pagó su osadía pasando veinte horas encerrado en el calabozo, hasta que más de doscientas personas se aglutinaron en la puerta de Comisaría pidiendo su libertad.

Tras esta y muchas otras hazañas, junto con su inseparable amigo 'Lagartijo', fue a Hellín a pedir una oportunidad. Allí le abrieron las puertas, e hizo el paseíllo de luces junto a 'Lagartijo', Joselito Valverde, Juan Solera y 'El Chivato'. Esa tarde el fallo a espadas le privó de un triunfo mayor, y tuvo que conformarse con la vuelta al ruedo.

Debutó oficialmente en Cieza el 12 de mayo de 1963, alternando con 'El Levantino' y 'El Faraón', y resultando al a postre triunfador absoluto de la tarde, pues "mostró temperamento y cuajó como promesa". Esa tarde tuvo que pagar 7000 pesetas por los gastos. Pero como el triunfo fue rotundo, le repitieron dos semanas después; y eso sí: 'El Ñoño' exigió a la empresa que le pagara las 7000 pesetas de la novillada anterior y el dinero suficiente para cubrir los gastos de ésta. Y es que un triunfo de los de antes daba para mucho. Toreó muchas más tardes en 'La Deseada', cosechando éxitos sonoros.

Consiguió Antonio torear más tarde en los pueblos de Madrid: Alcobendas, Miraflores, Valdemorillo, Guadalix... y como tarde más aciaga recuerda Antonio la de Valentín, donde un novillo le dio una cornada en un un ojo, cuyas secuelas se le aprecian hoy día.

Una cogida en Campos del Cid (Requena) le impidió debutar con caballos en San Sebastián de los Reyes y, con 27 años, después de mucho luchar, decidió dejar los toros, pero no la afición, que le acompaña hasta la actualidad. De hecho, durante muchos años empleó su tiempo libre en entrenar a chavales que querían ser toreros, tal es el caso de Javier de Esperanza, 'Niño del Acho', José Saorín, Pascual León, Antonio Cama, etc...

Actualmente podemos verlo pasear por las calles de Cieza, siempre en torero. Entregado a su afición y a sus recuerdos, se puede pasar horas y horas hablando de toros: de su pasado, del presente, de sus vivencias, recuerdos...

Y es que Antonio Saorín 'El Ñoño' es uno de los toreros más emblemáticos que ha parido nuestra localidad. Tuvo y tiene el toreo metido en las venas y es, ante todo, un amante y defensor de la fiesta nacional. Sin duda, todo un personaje, tanto dentro como fuera de los ruedos.